La lucha entre estabilidad y libertad, y cómo impacta en la salud mental el trabajo remoto vs. la rutina de oficina.
Spoiler alert: no hay una única respuesta correcta. Pero sí muchas preguntas incómodas, memes existenciales y cafés que se enfrían sin ser tomados.
Imagínate esto: son las 10:37 de la mañana. Estás en pijama, con una taza de café que se enfría peligrosamente sobre el escritorio. Tu computadora tiene 37 pestañas abiertas (una de ellas, TikTok, claramente «por inspiración»). Estás trabajando como freelancer desde tu cuarto, rodeado de plantas, una lámpara led rosa y una gata que se durmió sobre tu teclado.
Ahora imagínate esto otro: son las 8:24 de la mañana. Vas en el subte con los auriculares puestos, esquivando codos y mochilas. Pensás en el almuerzo que te olvidaste en la heladera. Llegás a la oficina, saludás al team y te sientas en tu escritorio. Alguien te ofrece un café. Empieza la jornada.
Dos escenas distintas, el mismo dilema: ¿cuál de estos mundos es más saludable, productivo y feliz para alguien de la Generación Z?
Spoiler: no hay respuesta corta. Pero sí hay mucho para pensar, y en este artículo vamos a desarmar el mito de que hay una opción mejor para todos. Porque cuando hablamos de salud mental, calidad de vida y trabajo, lo importante es encontrar un equilibrio que tenga sentido para vos.
Antes que nada: ¿por qué estamos hablando específicamente de la Gen Z? Porque si naciste entre 1997 y 2012, sos parte de la primera generación que creció con WiFi, redes sociales, memes, videollamadas y Google como una extensión del cerebro.
También sos parte de una generación que:
Así que no, no estás loco si a los 24 ya renunciaste a tres trabajos y probaste ser barista, diseñador freelance, social media manager y paseador de perros. Explorar es parte del camino.
Ser freelancer suena como el paraíso millennial 2.0: trabajar desde casa, desde un café o desde la playa (si tenés buena señal). Manejar tus horarios, elegir los proyectos, vivir sin jefes ni relojes de fichar. ¿Qué podría salir mal?
Bueno, bastantes cosas si no tenés cuidado. Empecemos por los pros:
Pros del trabajo freelance
Pero… (siempre hay un «pero»).
Contras del trabajo freelance
Un estudio de la Universidad de Berkeley sugiere que los freelancers jóvenes reportan mayores niveles de ansiedad que sus pares en relación de dependencia, principalmente por la falta de estructura y seguridad económica.
¿Te suena? Bienvenido al club. Pero ojo: no todo es negativo. Con buenas herramientas, organización y redes de apoyo, el trabajo freelance puede ser una fuente de libertad y creatividad.
Sí, las oficinas siguen existiendo. No, no todas son como las de “The Office”. Hay equipos humanos, propuestas copadas, afters y oficinas pet friendly. Pero también hay reuniones eternas que podrían haber sido un mail, y horarios que no se ajustan a tus biorritmos ni aunque les reces a todos los astros.
Pros de la oficina
Contras de la oficina
Un informe del World Economic Forum indica que más del 50% de los jóvenes empleados en oficina reportan síntomas de agotamiento emocional. Y no, no es solo por el tráfico.
Tanto el trabajo remoto como la rutina de oficina tienen impacto en nuestra salud mental. El secreto está en cómo nos organizamos, cómo nos sentimos y qué tan conectados estamos con lo que hacemos.
El trabajo freelance puede afectar tu salud mental si…
El trabajo en oficina puede impactarte si…
En ambos casos, el cuerpo y la mente hablan: insomnio, ansiedad, tristeza, contracturas, falta de concentración, o esa sensación difusa de estar desconectado de vos mismo. Y como generación que sí se preocupa por su salud mental, es clave escuchar esos signos.
Te dejamos algunas preguntas clave para que lo pienses:
Ninguna respuesta es definitiva. Y spoiler final: muchos jóvenes hoy eligen modelos híbridos, combinando días remotos con días presenciales, o trabajos freelance con otros part-time en relación de dependencia.
Cuidá tu salud mental como cuidás tu móvil: con cargadores cerca, buen descanso, y sin sobrecalentarlo.
Poné límites de tiempo al trabajo, aunque estés en tu casa. Tu cama no es una oficina. Tu domingo no es para contestar emails.
Buscá red, tribu, comunidad: ya sea en coworkings, grupos de Discord, terapia o juntadas con amigos.
Revisá cada tanto tu brújula interna: ¿esto que hacés te suma? ¿Te inspira? ¿Te quema?
Agendate momentos de descanso reales, como si fueran reuniones importantes. Porque lo son.
No hay un “versus” real entre freelance y oficina. Hay vidas distintas, cerebros distintos, ritmos distintos. Lo importante no es elegir lo que “se ve mejor en LinkedIn”, sino lo que te permite dormir mejor, disfrutar más tu día y sentirte bien con vos.
Y si todo falla… podés hacer lo que muchos de la Gen Z están haciendo: crear un nuevo modelo de trabajo que combine lo mejor de ambos mundos. Porque si hay algo que esta generación sabe hacer, es reescribir las reglas.
¿Y vos? ¿Sos team oficina, team freelance o team “quiero vivir en el bosque criando gallinas y diseñando apps”?