Esa sensación de cercanía con una persona que jamás nos ha visto ni sabe que existimos tiene nombre: relaciones parasociales. Y aunque parezca algo nuevo, este fenómeno existe desde que las estrellas de cine, televisión y radio comenzaron a ser parte de la vida cotidiana. La diferencia es que hoy, con las redes sociales, la barrera entre «celebridad» y «persona común» se ha vuelto cada vez más difusa.
Pero, ¿qué implica esto para nuestra salud mental? ¿Cómo afecta nuestra forma de relacionarnos con los demás? Y si nos damos cuenta de que estamos «enamorados» de un influencer, ¿es algo normal o un problema en potencia?
Las relaciones parasociales son vínculos unilaterales que las personas desarrollan con figuras públicas. Es decir, sentimos que conocemos a alguien, nos encariñamos, nos preocupamos por su vida… pero esa persona ni sabe que existimos. Y aunque esto pueda parecer inofensivo, en algunos casos puede generar expectativas poco realistas o dependencia emocional.
Con los influencers y creadores de contenido, estas relaciones se vuelven aún más intensas. Publican su día a día, comparten sus pensamientos y responden comentarios, lo que da la impresión de que existe una conexión real. Pero la verdad es que esa cercanía es más bien una ilusión.
Incluso, estudios han demostrado que las relaciones parasociales pueden influir en la autoestima y que estas personas pueden sentirse más solas y experimentar mayor ansiedad social cuando perciben una falta de reciprocidad en su entorno real.
1. Comparación constante
Vemos a influencers viajando, con vidas aparentemente perfectas, cuerpos «ideales» y relaciones de ensueño. Aunque sabemos que las redes solo muestran lo mejor de cada uno, es difícil evitar compararnos y sentir que nuestra vida no está a la altura.
La psicóloga Jean Twenge ha señalado que el uso excesivo de redes sociales está directamente relacionado con el aumento de síntomas de depresión y ansiedad en jóvenes, en gran parte debido a la comparación con estilos de vida irreales.
2. Expectativas poco realistas
Si un influencer comparte su rutina de ejercicio y en dos semanas tiene abdominales marcados, es fácil creer que con el mismo esfuerzo lograremos lo mismo. Spoiler: no siempre es así. La edición, la genética y los filtros juegan un papel importante, y muchas veces los resultados no son tan alcanzables como parecen.
Además, en el ámbito de las relaciones amorosas, la exposición constante a «parejas perfectas» en redes puede distorsionar nuestras expectativas sobre el amor, llevándonos a comparar nuestras relaciones reales con algo que tal vez no existe.
3. Dependencia emocional
Sentirse conectado con alguien no es malo en sí mismo, pero cuando esa conexión se convierte en una necesidad diaria o interfiere con la vida real, puede ser un problema. ¿Te ha pasado que te sientes triste si tu creador de contenido favorito no sube historias? ¿O que su opinión sobre un tema influye demasiado en la tuya? Ahí es donde hay que poner atención.
Primero: respira. No estás solo/a. Sentir atracción o admiración por alguien inalcanzable es completamente normal. Sin embargo, es importante diferenciar entre un gusto pasajero y una obsesión que afecta tu bienestar.
Consejos para gestionar mejor la parasocialidad:
Recuerda que es solo una parte de su vida: Lo que ves en redes no es la realidad completa. Por más que compartan su día a día, siempre hay cosas que quedan fuera de la cámara.
Sí, hasta cierto punto. Los humanos somos seres sociales y es completamente normal sentirse identificado con alguien que comparte intereses, experiencias o una forma de ver el mundo que resuena con nosotros.
El problema surge cuando:
Si te identificaste con más de una de estas situaciones, tal vez sea un buen momento para replantear tu consumo de contenido.
Las relaciones parasociales son una parte inevitable de la era digital, y sentir conexión con un influencer no es algo malo en sí mismo. Sin embargo, es clave mantener una perspectiva realista y asegurarnos de que no nos afecte de manera negativa.
Recuerda: los influencers pueden inspirarte, entretenerte e incluso enseñarte cosas nuevas. Pero tu vida real, tus relaciones y tu bienestar deben ser siempre la prioridad.
Y si alguna vez te preguntas «¿Realmente somos amigos?», la respuesta es simple: probablemente no. Pero no pasa nada, porque los amigos de verdad están aquí, en el mundo real, esperando compartir un café o una buena conversación contigo.